Georgetown (Penang)

Antes de partir de Tanah Rata, tuvimos la suerte de compartir mesa en un restaurante hindú con una pareja canadiense. Debían rondar los 60 años y desprendían energía, pasión por el mundo y una tranquilidad digna de quien vive libre de espíritu y no se exige obligaciones que ahogan. Fue de ese tipo de circunstancias en las que agradeces viajar, porque cada momento es una oportunidad para cruzarte y conocer una pizca de aquellos que vienen de otros lugares, y tanto te hablan de sus tierras, como de otras zonas del mundo que ellos ya han pisado. “Georgetown os va a encantar”, así finalizamos nuestra conversación con la pareja de Canadá.

Georgetown fue nuestro siguiente destino. Es una ciudad ubicada al noreste de la Isla de Penang, también conocida como “la perla de oriente”. La isla está situada en la costa oeste de Malasia y está conectada por dos puentes que la unen con la península. Para llegar hasta allí, cogimos un autobús desde Tanah Rata (Cameron Highlands) que se demoró seis horas. Lo que no sabíamos era que nos iba a dejar en Sungai Nibong Express Bus Terminal, a 11 kilómetros al sur de Georgetown.

Era de noche, andábamos cansados y con la sorpresa de que aún no habíamos llegado a nuestro destino, así que aceptamos de buen grado la propuesta de unas chicas suecas para compartir taxi con ellas. Además, no teníamos dónde dormir aquella noche, por lo que nos apremiaba llegar lo antes posible. Por suerte, la chica del hostel que ya teníamos mirado nos atendió la mar de bien y nos dio cobijo en lo que sería nuestro hogar durante los siguientes días.

Eran las 10 de la noche y tantas horas de viaje nos había abierto el apetito, así que pedimos recomendación a Zoe (la dueña del Queen’s Hostel donde nos alojamos, una chica menuda y tímida, a la vez que servicial y resuelta), quien nos indicó un restaurante hindú cercano. Y allá que nos encaminamos. Lo que descubrimos fue uno de nuestros locales predilectos donde regresamos en varias ocasiones. Se trata del Kapitan, donde las ollas y cazuelas humean incesantemente, por la cantidad de gente que hay y porque no cierran nunca sus puertas, está abierto 24 horas. Os recomendamos enormemente el plato de Kebab mix. ¡Una delicia!

woman prayingEl nuevo día se desperezaba tranquilo, dando la bienvenida con un sol y un calor abrasadores ya a primeras horas. La vida empezaba sin prisas, solo algunos tenderetes estaban abiertos a las 8 de la mañana, con sus lugareños que sorbían fideos en boles bien calientes como desayuno. Otros se dedicaban a sus quehaceres en los templos, limpiando los altares, las figuras de Buda, llevando flores o frutas como ofrenda o zarandeando incienso mientras rezaban. También había quien merodeaba alrededor de los templos, a la espera de que alguien llevase algo que comer y así poder seguir sobreviviendo una jornada más. Vimos como unas personas se acercaban con comida, avisaban a la gente para que formasen una fila, y la repartían. Lo vimos algunas mañanas más, a horas tempranas. No conseguíamos descubrir con quién debíamos hablar para aportar algo de nuestra parte. Así que decidimos no quedarnos quietos como “pasmhelping penangarotes” y resolvimos hacer lo que nos saliese de dentro. Compramos bolsas con comida y botellas de agua. Nos acercamos al templo, sonreímos a una familia que tenía un tenderete y disponía de una mesa plegable. Nos respondieron a la sonrisa prestándonos la mesa y allí encima colocamos la comida. Sin mediar palabra y solo mirando alrededor, unos segundos después había una larga hilera de personas. Una sonrisa, un leve gesto con la cabeza o un “thank you”, bastaron para que nuestra visita a Georgetown no fuese solo beneficiosa para nosotros.

Lo siguiente que hicimos fue acercarnos hasta la oficina de turismo para pedir algunos mapas y recomendaciones. Encontramos que ofrecen una información excelente: nos obsequiaron con mapas de todo tipo de cosas que hacer, conocer, comer y recorrer, además de unos bolígrafos bien bonitos. También organizan tours gratuitos algunos días de la semana.

Gracias a los mapas y a sus explicaciones supimos que el arte callejero empezó en el año 2012, cuando un joven artista lituano, Ernest Zacharevic, lideró el proyecto “Mirrors George Town”. Se trató de una iniciativa para llenar las paredes de la ciudad de pinturas a gran escala y convertirla en una galería de arte al aire libre. En ello han participado, y siguen haciéndolo, diversos artistas internacionales, que consiguen con sus obras plasmar la multiculturalidad de la ciudad.

little boy with pet dinosaur children on the swing kids on bicycle

Y así empezó nuestro recorrido, dejando que nuestros pasos se perdiesen por un Georgetown que vistió nuestro viaje de colores y pintó nuestro camino con paredes que parecían tomar vida tras cada graffiti mezclado con elementos reales y que hacen de cada obra de arte algo para admirar e interactuar con ellas. Farolillos colgantes de templos chinos, humo de incienso de templos budistas, cánticos que nos llegaban de mezquitas musulmanas, campanas que repicaban de alguna iglesia cristiana… Enredaderas floreadas que se mezclaban con pequeñas luces adornando fachadas, frases inspiradoras gravadas por las calles, cafeterías que batían sus puertas a lado y lado invitándonos a entrar, música en directo por las tardes y un ambiente que vivía en harmonía juntando al pueblo chino, hindú y musulmán.

Sri Weld Food CourtEscasos nos parecieron los seis días que pasamos en Georgetown cuando descubrimos que es una de las mejores ciudades de todo Malasia para comer. No hace falta adentrarse en ningún restaurante sofisticado, porque al igual que su arte es callejero y accesible para todo el mundo, así lo es su comida: son abundantes los puestecitos que encuentran su lugar a pie de calle, en cualquier esquina con sillas y mesas de plástico o en food courts al aire libre donde escoger entre una gran variedad de platos (entre nuestros preferidos se encontraba el Sri Weld Food Court, abierto de 9h a 17h). Y prácticamente todos ellos a precios realmente asequibles (por 1€ puedes disfrutar de sopas, brochetas o fideos salteados).

Kek Lok Si TempleNo querríamos dejar de contaros que el resto de la Isla de Penang no nos pareció ninguna maravilla, al menos lo que nosotros visitamos, que fue el norte. Uno de los días le alquilamos una moto a un tipo bien extraño, pero que parecía manejar el cotarro de alquiler de motocicletas de la zona (está ubicado en la calle Love Ln, delante del Reggae Penang Love Lane Hostel. Nos costó 25 ringgits -unos 6€- durante todo el día). Nos fuimos hacia la costa en busca de playa. Sin embargo, lo que encontramos fueron numerosos pueblos turísticos y unas playas que no invitaban demasiado a bañarse. Al noroeste de la isla está Taman Negara Pulau Pinang, el parque nacional más pequeño del país. Seguimos nuestro recorrido y nos encontramos por casualidad con el Taman Rimba Telok Bahang, un bosque tropical donde hicimos una caminata hasta dar con unas cascadas que nos sirvieron para refrescar un poco los pies. La tarde la dedicamos a visitar Kek Lok Si Temple, el templo budista más grande de Malasia. Está situado en una monte y la entrada es gratuita. Se puede subir a una de sus pagodas (Ban Po Thar, por 2 ringgits) o acceder al último piso (en un ascensor que cuesta 4 ringgits) para ver la estatua de bronce de Kuan Yin, de 36,5 metros de altura. Para acabar el día con unas buenas vistas y deleitarse con el atardecer, lo mejor es ir al monte Penang Hill, al que se accede a través de un funicular, o bien ascendiéndolo a pie (son unas 3 horas de caminata) desde el Jardín Botánico.

Nos costó dejar atrás Georgetown. Ambos sentíamos que algo de aquel lugar nos había atrapado dándonos mucho y haciendo que un pedacito de nosotros se quedase allí. Pero esto también forma parte de los viajes y de la vida. Uno debe saber cuándo mirar hacia adelante y seguir caminando.

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2 Comments

  • Reply Helena 9 abril, 2016 at 14:55

    Muy bien redactado , ameno y orientativo para próximos viajeros ! Felicidades!

  • Reply Ana 11 abril, 2016 at 12:57

    A veces no hacen falta palabras solo seguir los buenos ejemplos. Sois buenos aquí en Malasia y en la Conchinchina. Estoy muy orgullosa de vosotros.
    Ah! Me hace feliz lo felices que habéis sido en Georgetown y aledaños.
    Por cierto unas fotos estupéndas acompañan a una buena descripción

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