Habarana, Sigiriya y Dambulla

Nuestro siguiente autobús nos lleva de Polonnaruwa al pequeño pueblo de Habarana en una hora. Algo que vamos descubriendo es que las carreteras solo tienen dos carriles, uno hacia cada dirección -no hay pérdida-, y que muchos pueblos están construidos a lo largo de esa carretera.

Habarana es tranquilo, y al igual que Polonnaruwa, no tiene excesivos atractivos culturales, turísticos o gastronómicos para pasar más de un par de días. Nos explican que los lugareños son de comer en casa, por eso en algunos pueblos no hay opción de restaurante más que en el hotel o la casa de huéspedes donde te alojas.

Lo mejor de Habarana es que sirve de punto clave para visitar Sigiriya, Dambulla o Minneriya. En nuestro caso, decidimos descartar el último, puesto que se trata de un parque natural donde visitar elefantes y, sin embargo, no estamos en la mejor época para ello. Así que nos guardamos para el Yala Park más adelante.

SigiriyaPara llegar a Sigiriya hay varias opciones. Nosotros volvemos a nuestros autobuses locales, lo más económico (60 rupias por persona, unos 0,40€) y a la vez lo que nos parece más auténtico. La entrada a Sigiriya nos cuesta 30 dólares por persona.

No es económico, pero nos merece la pena subir a esta roca erosionada de 370 metros de altura y 1230 escalones, que fue monasterio durante dos siglos, hasta pasar a ser palacio y fortaleza construido por el rey Kasyapa en el siglo V d.C.. Nos contaron la macabra leyenda de este rey. Las vistas desde lo alto son increíbles y la sensación de paz y tranquilidad nos atrapa en este lugar histórico.

templo de SigiriyaA la mañana siguiente ponemos rumbo a Dambulla, a 22 kilómetros de Habarana y ya camino a Kandy -nuestro próximo destino. Nos cae una lluvia torrencial encima, así que al llegar al Templo de Oro de Dambulla, esperamos un rato en el bar de la entrada a que arrecie. Allí nos guardan las mochilas por 100 rupias cada una (unos 0,60€). Es momento de parar y escribir. Las gotas amainan y nos envalentonamos a subir hasta el templo escondido en las cuevas en lo alto de la cima. La lluvia nos vuelve a atrapar en pleno ascenso. Nada nos detiene. Lo que vemos nos encanta. Es realmente un templo construido dentro de la montaña, donde sus techos están adornados con pinturas de budas.

La lluvia nos acompaña todo el día, mojando nuestras mochilas y nuestros pensamientos. Nos sentimos frescos cuando pisamos Kandy.

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3 Comments

  • Reply Ana 19 febrero, 2016 at 21:02

    Agua purificadora para las almas viajeras y para nosotros seguidores incondicionales.

  • Reply Alex 3 marzo, 2016 at 18:38

    ¡Muy chulo! No pasa nada, un poco de agua torrencial… Seguro que a Javi ya le hacia falta! 😉

  • Reply Raquel 5 marzo, 2016 at 10:07

    Madre mía!!! Que experiencia!!! El agua purifica y que mejor que rodeados de budas pra que iluminen vuestro camino. Me encantaría trasladarme con vosotros por unos días! 🙂 seguir escribiendo así chicos, sois muy valientes!!!

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