Kratie y la frontera entre Camboya y Laos

Nos despedimos de Phnom Penh rumbo al norte de Camboya. Paramos en Kratie, una pequeña población que suele ser base de aquellos viajeros que transitan entre Laos y Camboya. Encontramos muy poco turismo, y por contra, una vida rural muy latente y genuina, tanto dentro como a las afueras del pueblo.

La mayoría de la población vive de la pesca y la agricultura. Basta con pasearse a orillas del Mekong para ver a los pescadores faenar, o tomar una bicicleta y salir a pedalear por los campos de alrededor y ver a los campesinos cómo trabajan las tierras. Luego, uno puede acercarse a ver cómo venden los productos frescos en el mercado local del centro de Kratie, un espectáculo para la vista y el olfato, donde las moscas sobrevuelan la carne colgada y el pescado, aun vivo, revolotea en barreños con agua.

delfines IrawadiUna jornada la dedicamos a navegar por el río en busca de los delfines de agua dulce, los Irawadi. Su característica más evidente es que no tienen morro y su cabeza es redondeada, además de tener unos bultos prominentes en la parte inferior del cuello, como si de pechos se tratase. Nos contaron la leyenda sobre el origen de estos delfines, tratándose de una mujer repudiada por su familia que decidió abandonar su suerte al río, y en vez de ahogarse se convirtió en delfín, por eso lo de los bultos parecidos a unos pechos. Los delfines Irawadi están en peligro de extinción, debido a la caza y captura que dieron los Jemeres Rojos y, actualmente, debido a la contaminación del río. Para verlos hay que acercarse a Kampi, una pequeña población a 15 kilómetros de Kratie. Nosotros alquilamos una moto por 7 dólares al día, y así hacerlo por nuestra cuenta. Otra opción es hacer el trayecto en tuk-tuk. En Kampi se contrata el paseo en barca, por 9 dólares por persona. Nosotros estuvimos navegando durante una hora y pudimos ver y seguir a 4 delfines. Nos pareció curioso que sus movimientos son más calmados que los delfines de mar, siendo relativamente fácil seguirlos en barca.

De regreso nos paramos a visitar el templo más importante de la región, Wat Phnom Sambok, ubicado sobre un pequeño monte. Lo más imponente es su escalinata que te va llevando de un templo a otro, las figuras de los monjes budistas y, sobretodo, las vistas sobre Kratie y el río Mekong. Si tienes tiempo, también se puede visitar la isla Koh Trong, ubicada en medio del río, donde podrás apreciar la vida de las familias que la habitan.

mercado KratieNuestras tardes en Kratie las dedicamos a pasear a orillas del río Mekong y deleitarnos con algunos de los mejores atardeceres que habíamos visto hasta el momento. Las aguas de este río guardan algo de mágico y místico, pues tan solo con sentarnos en un banco frente a él, y dejar pasar las horas viendo como se iba el día dando paso a la noche, nos dejó suspendidos en un momento muy especial. Los lugareños presumen de este hechizo que regala su pueblo. Es como un secreto guardado, solo accesible a quien sabe ver más allá de lo humilde que Kratie tiene por ofrecer.

Si dispones de días para dedicarle al norte de Camboya, existe la opción de visitar la región de Ratanakiri. A unas 6 horas de Kratie queda la ciudad de Banlung, donde lo más destacado es el volcán Boeng Yeak Lom, a unos 4 kilómetros. En el cráter de este volcán hay una laguna de agua dulce donde uno se puede bañar. También son conocidos los trekkings por las montañas, con visitas a poblados y tribus que viven en lugares remotos.

Cruzar la frontera por tierra de Camboya a Laos

Seguimos nuestro periplo hacia Laos, siendo nuestro siguiente destino la isla de Don Khon, en la zona de las 4000 islas. Parece un trayecto sin mucho misterio, pero tanto nuestra experiencia como la de otros viajeros con quienes coincidimos, nos demostró que se trata de un paso fronterizo donde los factores varían cada día y donde las sorpresas ponen a prueba la capacidad de reacción, regateo y paciencia.

Desde Kratie tomamos una furgoneta que salía a las 7 de la mañana. A unas 2 horas de camino, hay que hacer un cambio de vehículo en la población de Stung Treng. En este punto, uno puede tener suerte y que la espera entre un transporte y otro sea de media hora (como en nuestro caso), o bien que sea de 5 horas (le pasó a un viajero que conocimos unos días antes en Phnom Penh).

De Stung Treng hay otra hora de trayecto hasta la frontera. Una vez allí, nos hicieron bajar de la furgoneta y nos dejaron en tierra de nadie. Apareció un chico pidiéndonos que le entregásemos los pasaportes, una foto carnet y el siguiente dinero:

  • 35 dólares (con pasaporte español)
  • 2 dólares por el sello de salida de Camboya
  • 2 dólares por el sello de entrada a Laos
  • 1 dólar de tasas
  • 2 dólares por gestionar el trámite
  • Total: 42 dólares por persona

En un primer momento todos los que viajábamos en la furgoneta le dimos nuestros pasaportes y la foto, pensando y confiando que se trataba de un trabajador oficial de la frontera. Sin embargo, una vez empezamos a escuchar todo el dinero que nos estaba pidiendo y viendo su actitud chulesca, recordamos haber leído en otros blogs viajeros e incluso en la guía de viaje que llevábamos, que tuviésemos cuidado con los “personajes” que andaban por la frontera, pues intentaban sacar provecho de los viajeros gestionando un trámite que uno puede hacer por sí mismo sin problema alguno.

Tras unos minutos de incertidumbre, decidimos unir fuerzas entre algunos viajeros y pasar aquella frontera por nuestra cuenta. Nos percatamos de que todo el sistema que tienen allí montado es corrupto, pensado para sacar dinero al turista que quiere cruzar entre países.

Efectivamente, el visado para entrar en Laos nos costó:

  • 35 dólares (entrando por aire u otras fronteras menos corruptas cuesta 30 dólares)
  • 2 dólares por sellarnos el pasaporte al salir de Camboya
  • 2 dólares por el sello de entrada a Laos
  • 1 dólar de tasas
  • Total: 40 dólares por persona

Jamás nos había pasado, que te cobren por un sello en el pasaporte… Aún tuvimos suerte, al otro viajero que conocimos que pasó un día después que nosotros, le cobraron 5 dólares extra por “tasa de fin de semana”. Y si cruzas después de las 5 de la tarde, te cobran “tasas de nocturnidad”. Y así un sinfín de invenciones para sacarte el máximo dinero posible.

autobus de la fronteraUna vez cruzada la frontera, cogimos un pequeño autobús que nos llevó hasta el embarcadero de Nakasong. El vehículo era tan viejo (además de estar lleno de arañas y telarañas por dentro) que entre todos los viajeros tuvimos que empujar para ponerlo en marcha. Tardamos otra hora hasta el embarcadero, donde un bote debía llevarnos hasta la isla de Don Khon.

Para nuestra sorpresa, justo antes de coger la barca nos dijeron que no nos llevarían hasta la isla de Don Khon (nosotros habíamos pagado todo el trayecto desde Kratie hasta esa isla), sino a la de delante, Don Det. No entendíamos nada. Sentíamos que otra vez querían tomarnos el pelo, hacernos pagar más. Tuvimos suerte, o fuimos rápidos, o vimos la oportunidad: tres chicas belgas regresaban de Nakasong a Don Khon justo en la barca de al lado; Ni cortos ni perezosos, obviamos a los tipos que intentaban sacarnos más dinero con mentiras acerca de la imposibilidad de llevarnos hasta Don Khon, y de un salto y “haciéndonos los suecos”, nos metimos en la barca de aquellas desconocidas, de las que solo sabíamos que se dirigían a la isla a la que nosotros queríamos llegar. Y llegamos. Tras 8 horas de viaje, regateos, incertidumbres, pagos, sudores y avidez, llegamos a las 4000 islas, el sur de Laos.

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2 Comments

  • Reply Helena. 11 agosto, 2016 at 10:14

    Súper interesante TODO lo que explicáis!!! De mucha utilidad para quien quiera hacer esa ruta

    • Reply darlavueltaalmundo 18 agosto, 2016 at 07:08

      Muchas gracias Helena. Esperamos que nuestra experiencia sirva a otros viajeros. Un abrazo enorme!

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