Luang Prabang

Algunos la llaman “la joya del sudeste asiático”, otros le otorgan el título de “capital del reino del Millón de Elefantes” y hay quien se aventura a decir que es la ciudad más bonita de todo Asia. Para nosotros se convirtió en “un lugar donde ver la vida pasar”.

Aquella sensación brotó tras descubrir Luang Prabang junto a otros dos viajeros que, con el paso del tiempo, se convertirían en amigos y marcarían nuestra vuelta al mundo. Pareció como si nuestros relojes internos se sincronizasen y, Luang Prabang, fuese el eje de toda aguja que gira alrededor. De repente ya no había prisas, ya no anhelábamos esa manera de viajar en la que uno acaba exhausto porque hay que verlo todo. Sin darnos cuenta, caminábamos por aquellas tierras con la misma naturalidad que las aguas se precipitaban Mekong abajo.

Dedicamos los días a pasear por sus calles empedradas y flanqueadas por casas de madera robusta, paredes blancas y techos dorados, a entrar y admirar algunos de sus templos, a seguir el sonido de los tambores hasta llegar a su origen y descubrir cómo los monjes rezan a última hora de la tarde, a conseguir distinguir las tonalidades de marrón cuando los dos ríos, el Mekong y el Nam Khan, juntan sus aguas en una confluencia que parece abrazar y, proteger a la vez, a Luang Prabang. Nos aventuramos a cruzar puentes de dudosa estabilidad sin saber qué nos esperaba en la otra orilla, a maravillarnos con las luces colgantes de bares y restaurantes que te guían en las noches cálidas, a deleitarnos con los croissant y las baguette en Le Banneton (os lo recomendamos para desayunar), a alternar con otros viajeros en el mercado nocturno, a comprar fruta fresca a los campesinos que bajan de las montañas, a recorrer en bicicleta fascinándonos con la vida de las afueras: más tranquila, más humilde, más selvática…

Además de disfrutar de las cosas esenciales que Luang Prabang ofrece al que sabe descubrirla, vivirla y admirarla con tranquilidad, no quisimos perdernos algunos lugares y actividades imprescindibles, como…

Subir a la colina Phu Si

Una buena manera de situarse en la ciudad es subir a la colina Phu Si, el sitio más sagrado de Luang Prabang. Durante el ascenso se ven templos y santuarios, además de vendedores ambulantes que amablemente te saludan. En la cima se halla That Chomski, una estupa dorada desde donde se contemplan unas vistas preciosas. La entrada cuesta 20.000 kips.

Visitar el Palacio Real

Justo delante de la entrada a la colina Phu Si, se encuentra el Palacio Real, una maravilla arquitectónica que no pasa desapercibida. Se puede ver desde la calle principal, iluminado cuando cae la noche. Aún así, vale la pena entrar, pasearse por los jardines y hacer una incursión a la antigua casa de la monarquía laosiana. Los horarios son reducidos (de 8h a 11h y de 15h a 17h), se debe visitar con las piernas y hombros cubiertos. La entrada cuesta 30.000 kips.

Darnos un chapuzón en las cascadas Tat Kuang Si

Esta cascada se encuentra a 30 kilómetros a las afueras de Luang Prabang, y es uno de los lugares más conocidos y fotografiados de Laos. La cascada se divide en diferentes niveles, y a medida que uno asciende va encontrándose con piscinas y saltos de agua naturales de color azul turquesa. Hay zonas en las que está permitido bañarse y, aunque el agua está bastante fría, es un chapuzón muy recomendable para sofocar el calor laosiano. Justo delante de la cascada, hay un puente desde donde admirar los 50 metros de caída, impresionante y precioso. Y si uno se anima, puede hacer un pequeño trekking hasta la cima del salto. Además, en la entrada del parque encontrarás un centro de rescate y recuperación de osos. Nuestra recomendación es llegar temprano, pues hacia mediodía se suele llenar de gente. El horario del parque es de 8h a 17:30h. Hay varias opciones para llegar: bici (hay que estar muy en forma), tuk-tuk (lo más recomendado y popular, se puede negociar el precio y el conductor espera en la entrada del parque durante el tiempo convenido), moto o autobús público (solo hay uno al día, a las 12h). La entrada cuesta 20.000 kip.

Asombrarnos de templo en templo

Basta con dar un corto paseo para percatarse de que Luang Prabang es una ciudad bañada de templos, hay tantos que cuando crees que los has visto todos, giras una esquina y encuentras uno nuevo. Algunos son grandes y ostentosos, otros más pequeños y escondidos, todos ellos preciosos. Además, cuentan con el aliciente de monjes y novicios a los que uno puede ver en sus quehaceres diarios, ya sea orando, tocando el gong, barriendo, jugando… En su conjunto, los templos de Luang Prabang fueron declarados Patrimonio de la Humanidad.

Explorar la otra orilla del río Nam Khan

Cruzar por uno de los puentes de bambú (durante el día hay que pagar) al otro lado del Nam Khan, para descubrir una vida más sencilla, tranquila y humilde (y menos turística) que transcurre entre callecitas sin asfaltar y habitantes que sonríen apaciblemente. Además, comprar en el
mercado o algunas artesanías, es más económico que en el centro de Luang Prabang. 

Fascinarnos con la puesta de sol sobre el Mekong

A orillas del río Mekong hay una buena oferta de bares y restaurantes donde uno puede sentarse, acompañado de una BeerLao bien fría, y contemplar el espectáculo natural más asombroso del lugar: la puesta de sol. Tan sencillo y fascinante a la vez.

Cenar en el mercado nocturno

En la avenida principal de Luang Prabang instalan un mercado nocturno todas las noches, por lo que la calle Sisavangvong se convierte en un lugar ajetreado de turistas arriba y abajo, luces y guirnaldas adornando las noches cálidas, los vendedores sacudiendo los billetes encima de la mercancía (nos cuentan que es un tema de superstición, fregar el dinero de la primera venta del día encima del resto de objetos que ofrecen da buena suerte) y decenas de artesanías, textiles, collares y demás esperan sobre alfombras en el suelo a ser adquiridos por algún viajero. Una de las callejuelas que desemboca en Sisavangvong, se convierte en un improvisado mercado nocturno de comida, donde decenas de tenderetes ofrecen pescados a la parrilla, brochetas de pollo, ensaladas de papaya, frutas frescas recién cortadas o buffets con arroces y verduras. Resulta ser una buena opción para bolsillos ajustados, es rico, barato y muy auténtico.

Asistir a la ceremonia de entrega de limosnas

Cada día, a las cinco y media de la mañana, Luang Prabang inaugura la jornada con un ritual: la ceremonia de entrega de limosnas, también conocida como alms giving, sao bar y yak bat. Se trata de una tradición budista sagrada, en la que cientos de monjes salen de los 35 templos de Luang Prabang en fila india, guardando silencio absoluto, descalzos y ataviados con sus ropajes anaranjados. El propósito es recolectar las ofrendas que la población laosiana les entrega: arroz glutinado (mayoritariamente), frutas y algún dulce. Los monjes pasan uno a uno frente a los devotos, quienes les esperan arrodillados en el suelo y nunca les miran a los ojos en el momento de hacer la ofrenda. Con esta comida que reciben, los monjes se alimentaran durante el día.

En los últimos años, la ceremonia de entrega de limosnas atrae a una gran cantidad de turistas.

Sin embargo, hay que recordar que este ritual no está creado para el turista, y que sigue siendo un momento sagrado, solemne y auténtico donde devotos y monjes preservan una tradición centenaria en la que creen de manera ferviente. Lamentablemente, hay turistas que no lo entienden. Cualquier persona puede formar parte de la ceremonia de entrega de limosnas, pero nuestro consejo es que no participéis si no significa algo para vosotros. Fuimos testimonios de cómo muchas personas se sentaban en sillitas (no en el suelo como el resto de devotos laosianos), y mientras daban la ofrenda al monje con una mano (mirándoles directamente a los ojos), sujetaban la cámara fotográfica con la otra. Además, alrededor de los puntos más concurridos, varios vendedores ambulantes hacían negocio alentando a los turistas a comprarles los cuencos de arroz glutinoso para la ofrenda (a precios elevados). Incluso vimos como algunos hoteles ofrecen a sus huéspedes esta ceremonia como tour cultural, cuando no lo es.

De esta forma os recomendamos algunos conceptos básicos para disfrutar de esta ceremonia y ser respetuosos:

  1. Vestir de forma adecuada: hombros, piernas cubiertas
  2. Observar desde la distancia
  3. Guardar silencio
  4. No flash
  5. No tocar jamás a un monje
  6. Participar si realmente uno lo siente, con respeto y adquiriendo las ofrendas en alguno de los mercados
  7. Evitar la calle principal (donde se acumulan más turistas)

Navegar hasta las Cuevas Pak Ou o “las cuevas de los mil budas”

Estas son las cuevas más famosas de los alrededores, con una antigüedad de más de 300 años. Pak Ou está compuesta por dos cuevas naturales de piedra caliza (Tham Ting y Tham Phum), que albergan un santuario con más de 4000 figuras de buda en su interior, de ahí el nombre de “las cuevas de los mil budas”. Pak Ou está ubicada en la pared de una montaña, atestiguando el cruce  del río Mekong con el Nam Ou, por lo que su único acceso es con barco. Puedes contratar el transporte por tu cuenta en el embarcadero de Luang Prabang y navegar los 25 kilómetros de distancia por el Mekong. También hay agencias que ofrecen la excursión.

Trekking de 3 días por el norte de Laos

Uno de los mayores atractivos del norte de Laos y parte del sudeste asiático, son los trekking por bosques, montañas, arrozales y la posibilidad de acercarte a pequeñas comunidades étnicas. Desde Luang Prabang, muchas agencias proponen jornadas de un día, rutas de 3 días y hasta de una semana para conocer los alrededores, la fauna y flora autóctona y acercarse a la vida cotidiana de los aldeaños. Hay muchas agencias que ofrecen estas excursiones y la mayoría de ellas cumplen con lo que llaman “turismo ecológico y responsable”, en el que parte de lo que se paga va directamente a los pueblos visitados, con ánimo de mejorar su calidad de vida. Es bueno preguntar por el itinerario, actividades, poblados y pedir referencias de los guías para tener una buena experiencia.

En nuestro caso, nos decidimos por un trekking de 3 días y 2 noches con la agencia Phone Travel, que incluya guía, alojamiento (muy básico), 3 comidas al día y las actividades (caminatas de ascenso por montañas, cruzando bosques y ríos, visitas a poblados Khmu y Hmong, descenso en kayak y estancia en un campamento de elefantes). Y esto sucedió…

Ni un lujo, ni una comodidad, a penas algo de agua en un cubo para lavarnos por las tardes, arroz blanco para desayunar, comer y cenar durante tres días, tanto barro en las suelas de las bambas que penetraba hasta los pies, trombas de agua cayéndonos encima durante kilómetros, ríos desbordados que alcanzaban la altura de las rodillas, suelos de madera sobre los que dormir… Y todo acompañado de un paisaje precioso, de espesos bosques de árboles centenarios, de picos desde donde la vista te dice “sí, todo esto hemos subido y esta maravilla es la recompensa”, de sonrisas de niños pequeños que corretean y revolotean alrededor de los nuevos llegados a la aldea, de conversaciones infinitas que se suspenden en el tiempo porque ya no sabes de dónde eres, a dónde vas o de dónde vienes, porque las comodidades de tu casa te parecen el exceso más ostentoso comparado con las condiciones de vida que observas por el camino, porque lo esencial necesita buscar un nuevo lugar en tu escala de valores, porque con hambre hasta el arroz más blanco y más soso que te ofrecen es un manjar, porque remas río abajo en soledad sabiendo que pocas veces te has sentido tan en paz y has visto algo tan hermoso, porque amaneces temprano y vas a buscar a los elefantes a la selva, los montas y los llevas al campamento, y porque horas más tarde te preguntas si cuidarán realmente de esos elefantes tal y cómo te cuentan. Porque ves, hueles, tocas, escuchas, vives, sientes… cosas tan nuevas, tan diferentes, tan auténticas, que descubres que ese regalo te lo llevas de por vida.

Así que os recomendamos que si queréis una aventura inolvidable y genuina, no os perdáis la posibilidad de hacer un trekking por el norte de Laos. 

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3 Comments

  • Reply Helena. 19 enero, 2017 at 14:54

    Que bien explicado!! Preciso y muy ameno, lo encontrábamos a faltar. Da una clara idea de el país ! Felicidades!

  • Reply Ana 22 enero, 2017 at 14:25

    Cuanto tiempo esperando! y como siempre encantada con vuestro escrito. Tiene ese halo espiritual y de esencia que me acerca a un lugar mágico. Adoro esa descripción de paz y sosiego de respeto por las costumbres… encantada.

  • Reply Pepe de Madrid 25 enero, 2017 at 17:55

    Al leer este relato he vuelto a revivir todos y cada uno de los momentos que pasamos juntos en este país tan maravilloso. Muchas gracias por compartirlo y por acordaros de nosotros.

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