Malapascua

En el punto más septentrional de la isla de Cebú, y en pleno Mar de Bisayas, se encuentra una pequeña isla llamada Malapascua, conocida por quienes aman el buceo. En nuestro caso, aunque no buceamos y nos contentamos con el snorkel, tuvimos la curiosidad de acercarnos hasta allí a ver qué encontrábamos.

Fue tarea ardua conseguir llegar, ya que hicimos un largo recorrido desde Siquijor hasta Malapascua, pasando por Dumaguete, haciendo noche en Moalboal y cambiando de transporte en Cebú.

Desde este último punto, la ciudad de Cebú, donde muchos viajeros emprenden el viaje hacia Malapascua, hay que coger un autocar desde la terminal norte de autobuses. Si tienes que cambiar desde la terminal sur a la norte, puedes hacerlo en taxi o bien en jeepney por 13 pesos por persona (0,26 céntimos).

Una vez en la terminal norte de autobuses de Cebú, tomamos un autocar a Maya, que tardó 5 horas y nos costó 160 pesos por persona (3,20 euros). Al llegar a Maya, hay que cruzar en barco para llegar a Malapascua. Esperábamos encontrar un puerto, pero como ya iba siendo habitual, solo nos esperaba una caseta de madera y algunos botes alrededor. Habíamos leído que el último ferry salía a las 4 de la tarde, pero que era mejor llegar antes, pues de lo contrario los últimos barquitos intentarían cobrarnos de más, alegando que no teníamos más alternativa. 

Playa norte MalapascuaY así fue, incluso siendo las 3 de la tarde. Andábamos un poco perdidos cuando un lugareño nos abarcó diciéndonos que tenía un barco y que el trayecto nos costaría 300 pesos por persona (6 euros). Antes de poder regatear nada, un chico empezó a gritarnos y gesticularnos a lo lejos. Nos estaba avisando de que el tal capitán del barco, nos estaba intentando timar. Descubrimos que el precio real eran 100 pesos por cabeza (2 euros). Entre los extranjeros que nos habíamos acumulado allí, unos 5 mochileros, nos plantamos con la decisión de no dejarnos timar (más) por los filipinos.

Pero ¡ai! ilusos de nosotros. En Filipinas, cuando crees que ya está hecho, que te puedes relajar y que has conseguido pagar un precio más o menos justo (siempre unas cuantas veces más por encima de lo que paga un lugareño), llega una última sorpresa. Y cuál fue la nuestra cuando, a unos metros de llegar a la costa de Malapascua, nos dicen que como la marea está baja el barco no puede llegar a la orilla y que debemos coger una pequeña barquita, a pagar a parte. Nos dio tanto coraje que nos quitamos la ropa, nos pusimos las mochilas en la cabeza (haciendo malabarismos para sostenerlas) y fuimos andando con el agua hasta la cintura hasta tocar tierra firme.

Mar & Ems Bamboo CottagesLo primero fue encontrar alojamiento (económico, claro). Dimos con unos pequeños bungalows de bambú (Mar and Ems Bamboo Cottages). El dueño nos pedía 1000 pesos por noche (20 euros), pero conseguimos regatearlo hasta 600 pesos (12 euros). Sin embargo, tras dos noches seguidas sin electricidad ni agua (y a 40 grados… imaginad dormir en un bungalow de bambú, a 40 grados, sin aire ni ventilador), nos cobraron solo 400 pesos por noche (8 euros). El tema de la electricidad y el agua era patente en gran parte de la isla (excepto en los resorts de primera línea de mar), ya que hablamos con otros viajeros que se alojaban en lugares económicos y estaban en la misma situación.

Malapascua resultó ser una isla de tan solo 10 kilómetros cuadrados, donde el mayor atractivo es sumergirte en el agua en busca del famoso tiburón zorro y de un barco hundido. Para ello, han dispuesto un buen número de buenos hoteles en la costa sur y este de la isla, que ofrecen el pack completo, con alojamiento e inmersiones incluidas. Nosotros nos paseamos (pasear siempre es gratis) para ver las hamacas meciéndose, los bares cool y los precios desorbitados que abarcaban esta zona.

Unos metros más adentro, pudimos ver otra realidad, la de los lugareños que viven en esta isla: las calles son de arena, piedra y polvo (el asfalto no existe y todo el mundo se mueve a pie, en bici y unos pocos en moto), las casas se construyen con madera y cañas de bambú, acogiendo a familias enteras en pocos metros cuadrados, los animales retozan en el barro, muchos niños visten camisetas o zapatillas que les vienen grandes, bastantes residuos se acumulan en algunos puntos de la isla (con los olores que ello comporta), hay escasez de agua y electricidad…

A medida que pasaban los días y aprendíamos a vivir con muy poco, y con a penas una hora al día de agua y electricidad, empezamos a cuestionarnos cómo debía ser la vida para los lugareños de Malapascua. Sentíamos que algunos nos trataban amigablemente, pero otros no tanto. Intentábamos establecer hipótesis sobre el motivo de las miradas recelosas que sentíamos de algunos habitantes y, sobretodo, de que intentasen cobrarnos precios diferentes y/o más elevados comprando los mismos productos en el mismo sitio cada día. Algunos lugareños nos contaron que la falta de electricidad y de agua podía ser debido a la cantidad de turistas que había en la isla (además de ser temporada seca), por lo que podría ser que esas miradas no demasiado amigables fueran el resultado de pensar que los venidos de fuera les quitábamos sus bienes más básicos (independientemente de si nuestro bolsillo era holgado o escaso, o de si pernoctábamos en alojamientos caros o humildes, para ellos todos éramos forasteros, sin distinción).

Playa Oeste MalapascuaEn nuestro afán por descubrir, nos recorrimos la isla entera a pie, de cabo a rabo, descubriendo los pequeños pueblos del centro de la isla, las playas del sur y este -las más turísticas-, y las del norte y oeste -mucho más tranquilas, con pescadores faenando y niños jugando.

A grandes rasgos nos pareció una isla interesante para los amantes del buceo. Sin embargo, para aquellos que solo practican snorkel o que van en busca de playas paradisiacas, les recomendaríamos la isla de Palawan o Siquijor, además de otras muchas de las 7107 islas que tiene Filipinas.

Os dejamos algunas recomendaciones de dónde comer en Malapascua:

Ging Ging’s: restaurante de comida local muy económico. Fuimos a comer prácticamente todos los días. Nuestro plato estrella: el curry de pollo. Platos entre 60 y 120 pesos (1,20 y 2,40 euros).

Kokay’s Maldito: restaurante, a la vez que hotel y escuela de buceo, en primera línea de playa. Estilo más occidental, con platos locales e internacionales. Tiene billar y buena música. Nuestros platos estrella: pollo loco-loco y las pizzas -muy ricas, cocinadas en horno de leña. Platos entre 150 y 350 pesos (3 y 7 euros).

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2 Comments

  • Reply Helena 27 mayo, 2016 at 16:45

    Ya veo que Malapascua no ha sido lo mejor de vuestro viaje…… Ya sabéis que todo eso son experiencias que seguro os servirán en un futuro.

  • Reply Ana 4 junio, 2016 at 23:24

    Malapascua muestra esa realidad la pack completo y de arena, piedra y polvo. Me queda bien claro.

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