Perú

ScreenHunter_1629 Dec. 30 12.21


 

… a tamal, a chicharrón, a lomo saltado, a anticucho, a ají de gallina, a rocoto relleno… Perú es sabroso y delicioso, es una explosión de exquisiteces que seducen a la vista, embriagan al olfato e impregnan al gusto.

Perú se nos mostró como un país para comérselo. Su cocina nos dejó boquiabiertos, tanto, que no podíamos parar de abrir la boca para devorar hasta la última migaja de nuestros platos, desde la pachamanca del reconocido chef Gastón Acurio, hasta el más humilde pollo a la brasa en el El Pío Pío de Arequipa.machu picchu

Y es que a pesar de las historias que habíamos escuchado en boca de otros viajeros, no supimos apreciar lo que es realmente su cocina y el país entero hasta que no fuimos nosotros mismos quienes lo descubrimos. No hay viaje relatado por otros, comparable al que tú mismo puedes vivir.

Como el despertador sonando insistente a las cuatro de la madrugada y el café recién hecho que nos esperaba en la casa de huéspedes donde nos alojamos en Ollantaytambo. Cuando uno está de viaje parece no tener importancia el desperezarse de las sábanas antes de que salga el sol con tal de tomar un tren y llegar al pico del Machu Picchu antes que la marabunta de turistas.

Como el fresquito de la noche atrapándonos en la furgoneta camino del Cañón del Colca. Las tres de la madrugada era en aquella ocasión, cuando iniciamos la jornada que nos llevaría a divisar el vuelo del Cóndor. Siete horas de descenso nos esperaban aquel día, en que nadie puede trasmitirte el temblor de piernas que uno siente ante la última bajada al valle.

cañon del colca

De la misma forma, nadie que no seas tú puede sentir la satisfacción cuando, tras haber empezado el ascenso antes de que la luna desaparezca, llegas a la cima del cañón para ver el amanecer. Nadie que no seas tú podrá contarte a lo que sabe un trozo de pan seco con mantequilla y un sorbo de café aguado mientras sigues sonriendo con cara de bobo y el cuerpo abatido. “He bajado, dormido y subido un cañón” te repetirás a ti mismo.

O como la intensa humedad  nos invadía la respiración al aterrizar en Iquitos, al norte de Perú, un lugar al que solo se puede acceder en barco o avión. El clima tropical se hacía más patente a medida que la barca se deslizaba por ríos y nos adentrábamos en la selva, hasta llegar a un pequeño muelle de madera. Nadie como tú sentirá como las botas se hunden en el barro, como una cortina de lluvia cae sobre tu cuerpo iquitosempapando hasta el alma, ni como en medio de la nada conocimos a una anciana que aparentaba más de 90 años, pero realmente no superaba los 60. Arrugada, encorvada, sonriente y cariñosa nos ofreció lo poco o nada que tenía. A nadie más que a ti se le romperá el corazón al saber lo mucho que tienen unos y lo poco que poseen otros. Solo tú sentirás como pican los verdaderos mosquitos, chinches y otros insectos. Nunca me rasqué tan intensamente como para querer arrancarme la piel. Subidos a un tuk tuk sentimos como si Iquitos nos abrazase tan fuerte que no quisiera dejarnos marchar.

Enamorarse de un lugar es algo tan personal, que por mucho que pidas consejo cuando emprendes un viaje, nadie como tú podrá caer rendido ante una ciudad, un pueblo, una selva, una familia, una comida, un trayecto en bus, un compañero de viaje… Perú nos embriagó con su cocina, sus gentes y su historia ancestral.

 

 

 

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