Vang Vieng

campos vang viengLas aguas del río Nam Song fluyen entre montañas kársticas, campos de arroz extendiéndose hasta donde la mirada llega, animales pastando con tranquilidad lánguida, lagunas misteriosas de aguas turquesas, laosianos pescando con redes caseras y cuevas escondidas entre las cimas escarpadas. Puentes de madera por donde cruzar de una orilla a otra, y donde quedarse contemplando este precioso paisaje, naturaleza en estado puro. Con esto nos encontramos al llegar a Vang Vieng.

Este pueblo se ubica a 160 kilómetros al norte de la capital de Laos. Para llegar tomamos una VAN desde Vientiane hasta Vang Vieng que se demoró unas 4 horas. El viajero debe acostumbrarse a que las distancias en Laos requieren más tiempo que en otros lugares, ya que las montañas, las infinitas curvas y el estado de las carreteras, toman más tiempo del que uno pueda prever inicialmente.

Río Nam Song en Vang ViengHace algunos años, Vang Vieng era conocida por sus fiestas alocadas entre los mochileros más jóvenes. Una gran cantidad de adolescentes australianos, alemanes e ingleses marcaban en su mapa Vang Vieng en el año sabático que se tomaban antes de empezar la universidad. Bebida barata, comida rápida, alojamiento por pocos euros y estupefacientes fáciles de conseguir eran el combo perfecto. Además, algunas actividades empezaron a ponerse de moda, entre ellas el tubing (desplazarse en neumático río abajo) o lanzarse en tirolina desde las terrazas de bares y hostels.

Estas fiestas alocadas y desenfrenadas, marcaron a Vang Vieng como un lugar “salvaje y peligroso” del sudeste asiático. El punto culminante fue en el 2011, cuando 27 turistas perdieron la vida. Al año siguiente, en verano de 2012, el gobierno decidió poner fin a este descontrol, con normas estrictas que acabaron con la venta de drogas, los bares sin licencia y las actividades más peligrosas.

Pasados unos años, Vang Vieng ha conseguido atraer a un tipo de viajero con otras inquietudes, más interesado en visitar todo lo que los alrededores tiene por ofrecer, pues fuera de las cuatro calles que abarca el pueblo, el escenario natural es todo un espectáculo. Si bien, aún se pueden ver viajeros bien jóvenes tomando whisky en algún bar al caer la noche, comiendo pancakes en uno de los puestecitos calcados unos a otros que hay en las calles, o amodorrados en las mesas de cafeterías viendo la programación poco variada que ofrecen, es un bucle de series míticas como Friends. Aún así, no nos pareció nada “salvaje o descontrolado” y solo nos bastó con salir del centro turístico de Vang Vieng para descubrir la vida rural en uno de los marcos más bonitos que habíamos visto jamás.

puente vang viengPasamos cuatro días recorriendo cuevas, montañas, campos, lagunas, ríos… y caímos rendidos ante tanta belleza. Las cumbres calizas nos recordaron a paisajes que habíamos visto en Yangshuo (al sur de China), en la Bahía de Halong (Vietnam), a las afueras de Krabi (Tailandia), e incluso en la zona rural de Viñales (Cuba). Con el aliciente de que en muchas descubrimos cuevas gigantes que se adentraban kilómetros, algunas de ellas de difícil acceso y mucha aventura.

La primera jornada la dedicamos a ir río abajo. A media hora a pie del centro, cruzamos uno de los puentes sobre el río Nam Song hasta la cueva Tham Chang Cave (10.000 kip, 1,10 euros). Una escalinata de piedra asciende hasta un mirador. Hay plataformas de madera y alguna luz, por lo que resulta fácil de visitar. Descubrimos que en esta cueva se refugiaron casi todos los hacueva vang viengbitantes de Vang Vieng durante la guerra civil, pues quedaba bien escondida y su altura les daba buenas vistas para ver qué sucedía en toda la zona. Por la tarde hicimos una caminata hasta Luis Cave, a 3 kilómetros al oeste del pueblo. Nos costó un rato encontrarla, pues está bien escondida entre arrozales y animales pastando. Menos preparada que Tham Chang Cave, en esta es necesario llevar frontal o linterna, y a poder ser un calzado apropiado para terrenos fangosos, húmedos y resbaladizos.

El segundo día alquilamos una moto y nos fuimos 15 kilómetros al norte de Vang Vieng, donde vivimos una aventura en toda regla, pues dejamos la carretera principal y sin darnos cuenta nos metimos por un “camino” lleno de barro y agujeros, charcos muy hondos y ni un solo lugar donde dar media vuelta. Llegamos a Pha Thao Cave, una de las cuevas más oscuras en las que hemos estado en nuestra vida (10.000 kip). Nos armamos de valor y dejamos los temores en la entrada, donde aun llegaba algún rayo de sol. Decenas de murciélagos jugueteaban entre estalagmitas y estalactitas. La recomendamos solo si se lleva luz, buen calzado y no se tiene miedo a la oscuridad completa.

Seguimos con la moto (aun no sabemos cómo salimos de los barrizales en los que íbamos cayendo aquel día) hasta un pequeño pueblo llamado Ban Na Dao. Muy cerca hay un complejo de cuevas que quedan bastante cerca unas de otras. Las primeras que visitamos fueron Thestalactita vang viengam Hoi. En la entrada hay una figura de Buda que da la bienvenida a lo que se convierte en un pasillo estrecho, pedregoso y embarrado que se adentra kilómetros. Nos cruzamos con un par de grupos de gente que iban con un guía. Debe ser una buena manera de visitarla. Aún así, nosotros lo hicimos solos, y a parte del respeto que da caminar metros y metros adentro, lo único con lo que hay que contar, de nuevo, es con llevar luz y un buen calzado, además de mucha precaución para no resbalar. Esta fue una de nuestras cuevas favoritas, quizá porque nos sentimos en pleno corazón de la montaña. Seguimos con Tham Loup, muy cerca de la anterior, siendo esta la más grande y espectacular de la zona, por sus imponentes estalactitas y estalagmitas. Dos de las más conocidas, aunque para nosotros demasiado turísticas, son Tham Sang (cueva del elefante, tiene una pequeña estalactita en forma de cabeza de elefante que cuelga del techo) y Tham Nam (cueva del agua, donde mucha gente la visita flotando sobre un neumático).

Blue Lagoon Vang ViengOtra de las jornadas la dedicamos a visitar el Blue Lagoon y la cueva Tham Phu Kam, sagrada para los laosianos. La laguna nos pareció bonita, ideal para refrescarse en un día caluroso de caminatas, descansar en la zona de hierva o tomar una cerveza en una de las casetas de madera. Para nuestro gusto un poco abarrotado, nos estábamos acostumbrando a estar solos en la mayoría de lugares que visitábamos, por lo que encontrarnos con 20 o 30 personas nos parecía demasiado algarabío. Nos dedicamos a visitar la cueva, que se ubica al final de una escalinata muy empinada, y que requiere un ascenso que te deja sin aliento. En la cámara principal de la cueva guardan la imagen de un Buda reclinado. Los pasillos que se adentran en la montaña son muy oscuros. Acabamos el día subiendo a la cima del monte Pha Ngeum (10.000 kip), desde donde se ven unas vistas magníficas.

De regreso hacia Vang Vieng, a pie varios kilómetros, nos cayó encima una tromba de agua. Pero eso no supuso impedimento alguno para seguir adelante. Nuestros chubasqueros rojos -que nos llegaban hasta los pies-, nos protegían de la tormenta y el paisaje adquiría a su vez un encanto de cuento. Y entonces, sucedió algo. Unos segundos, unos pasos, un cruce de caminos que podría haber sido ‘nada’, anecdótico y quedar pronto en el olvido. Sucedió que nuestras capelinas rojas se cruzaron con otras dos, rojas también, que iban en sentido contrario, vestidas por dos viajeros que arrastraban unas bicicletas en subida. ‘Hola’, ‘¡Hola!’ dijimos con gesto amigable, ladeando la cabeza y con sonrisa cómplice incluida (por los chubasqueros rojos, por la lluvia, por el caminar con todo empapado, por ser de los pocos a quienes el agua no amedrenta… por lo que fuese). Y aquel instante, que luego recordaríamos, se convirtió en la primera vez que nos vimos.

Nuestras recomendaciones

pescadora vang viengAlquilar una moto (esta fue nuestra elección) o una bicicleta para visitar las cuevas y lagunas más lejanas (a unos 15-20km de Vang Vieng). Para las más cercanas, basta con ir andando (nuestra elección para un par de días) y caminar unos kilómetros, que siempre irán acompañados de vistas al río, puentes entre orillas y la vida de los locales que se dedican a pescar, a conrear y a llevar a los animales de un lado a otro.

Alojarse en un hotel a orillas del río, con vistas mucho mejor, pues es de lo más bonito que hay. Muchos de ellos ofrecen habitaciones dobles con baño entre 80.000 y 120.000 kip la noche (entre 9 y 13,5 euros, 2 personas). Nosotros llegamos sin reserva y buscamos allí mismo. Es fácil y hay bastante oferta (más que en internet y con precios inferiores a los que encontramos online).

Cenar en uno de los restaurantes locales (barbacoas) de la calle principal. Por 25.000 kip (menos de 3 euros) ofrecen pollo o cerdo asado acompañado de vegetales y arroz, todo cocinado al momento.

alojamiento vang viengTomarse una cerveza Lao al atardecer en uno de los bares con vistas al río, la luz rosada que se mezcla con las aguas oscuras del río y las montañas verdes es una de las mejores fotografías mentales que puede regalarte Vang Vieng.

Si te gusta el café, te recomendamos que tomes uno (o varios) en el Café EhEh. No es solo el mejor de Vang Vieng, sino uno de los más exquisitos que hemos bebido durante nuestra vuelta al mundo.

Muchas de las cuevas y lagunas requieren pagar una entrada de 10.000 kip (1,10 euros) por persona. Incluso cruzar puentes tiene un coste en Laos. Ve preparado para aceptarlo. 

Para visitar las cuevas menos turísticas o preparadas, necesitarás luz, por lo que te recomendamos que lleves frontal o linterna. En algunas lo puedes alquilar a la entrada. Además, siempre es recomendable llevar un calzado adecuado para caminar sobre barro, piedras y zonas húmedas que pueden provocar resbalones o caídas.

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3 Comments

  • Reply Antonio Bravo 25 octubre, 2016 at 06:20

    Ainss! !! fijaros que me ha emocionado y todo el momento encuentro. Yo tengo también un recuerdo muy especial por aquella ciudad, que lejos de horrorizarme, marcó casi lo que creo que fue nuestro viaje por Laos… el destino estaba escrito.
    Que ganas tengo de volver a veros!!

  • Reply Ana 26 octubre, 2016 at 11:54

    Geografía, historia, humanidades. Un lujo leeros .

  • Reply Helena 30 octubre, 2016 at 20:13

    Como siempre, muy bien explicado y documentado. Nos tenéis mal acostumbrados y aún así no paráis de sorprendernos ! Felicidades!

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